Historias de un repartidor aragonés de propaganda

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viernes, 16 de enero de 2015

Alcorzar no significa ir por buen camino


También teniamos que hacer rutas de reparto por los pueblecicos del Aragón más profundo. Cada quice días teniamos que hacer el reparto de la publicidad del "Schlecker", que en cuatro días habia que repartir mogollón de pueblos y a veces hacíamos rutas maratonianas como la de ir de Zaragoza a Huesca, parando en Almúdevar y Sariñena y luego subir hasta Jaca y Sabiñanigo. Después de Jaca, bajar hasta Teruel capital sin pasar por Zaragoza y comiendo en la furgoneta mientras ibamos por la autovía Múdejar. Esas rutas, casi siempre me tocaba ir a mí con el jefe como conductor de la furgoneta. Comenzábamos la jornada a las nueve de la mañana y la terminábamos a las ocho y pico de la noche, cerca de las nueve.... (Estas ruticas hacían que tuviera la nómina un poco más alta).

El que es, que haciendo un día la ruta del tambor, (La llamábamos así porque eran los pueblos de alrededor de Alcañiz) Salíamos de Alcañiz para dirigirnos a la tienda de "Schlecker" de Valderrobles para hacer el reparto y como después de Valderrobles teníamos que ir a Caspe, se nos ocurrió que alcorzar por la carretera de Torre del Compte (desvío situado a medio camino entre Valderrobles y Alcañiz) para evitarnos un cacho de carretera y llegar antes a Caspe.... ¡Qué carretera! llena de baches, sin árcenes, estrecha, curvas..... la pista circulaba entre un clásico pinar de la comarca del Matarraña y daba la sensación de que el bucólico paisaje se había detenido en el tiempo. Pasamos por el pueblo de Torre del Compte, después cruzamos una carretera nacional para meternos en el desvío de Mazaleón, esta vez la carretera estaba un poquico mejor, pero poco.... salímos a Maella y de allí a Caspe.

Conclusión, que dimos menos vuelta que llendo por la nacional de Alcañiz y Caspe pero hicimos más kilómetros y en peores condiciones.

Eso sí, la experiencia de ir por una carretera casi desértica entre medio de los pinos bajo el sol del Matarraña y pensar que durante un momento se ha detenido el tiempo es una experiencia muy enriquecedora.

A veces en la vida merece la pena alcorzar por caminos secundarios en lugar de ir por la carretera que nos quieren mandar.

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