Historias de un repartidor aragonés de propaganda

Historias de un repartidor aragonés de propaganda

miércoles, 14 de enero de 2015

Trabajando en festivos



10 de agosto, san Lorenzo. La ciudad de Huesca celebra sus fiestas patronales y como en Zaragoza capital no era fiesta, el jefe se empeñó en que teniamos que ir a repartir propaganda a Huesca capital de una campaña publicitaria urgente de "Mapfre". Yo le dije al jefe que no íbamos a poder hacer nada porque es el día grande de las fiestas oscenses y la gente estaría en la calle bailando al son del famoso paloteado oscense. Pero daba igual lo que le dijiese, ya lo dice el refrán, "Dónde hay patrón, no manda el marinero" así que cargamos los carros a la furgoneta de reparto y pusimos rumbo a Huesca capital.

Lo que yo decía, la ciudad estaba desierta y a las diez de la mañana solo se veían por la calle las cuadrillas que se encaminaban a los bares para almorzar juntos todos enfundados con el traje de fiestas, pantalón y camisa blancos, fajín verde y pañoleta verde al cuello. Al llamar a un timbre de un portal que no tenía buzón comunitario me contestó un hombre.

-Hola, buenos días, Propaganda, ¿Me puede abrir?
-¿Propaganda? ¿Pero tú sabes qué día es hoy?
-Ya.... es que..... vengo de Zaragoza de propio para repartir estos papelicos.....
-¡Pero qué hoy es San Lorenzo!
-Ya lo sé, pero yo vengo de propio de Zaragoza y yo no tengo fiesta...
-Vale, vale..... de Zaragoza tenías que ser...... ya te abro.
-¡Gracias! y que pasé buen día de San Lorenzo...


A lo largo de la mañana repartí muy poquito porque casi nadie abría la puerta, pero el ambiente festivo que inundaba la ciudad oscense hacía que se trabajará de una manera más relajada y yendo por una centrica avenida me encontré con una charanga y aún estuve un rato bailando al son de paquito chocolatero, la vaca que te pilla y demás canciones charangueras.
Al final de la mañana, a la hora de marcharnos a Zaragoza, yo me vuelvo a la capital con un ramillete de albahaca que una cuadrilla de oscenses me habian dado en la avenida Pirineos al pedirles yo una ramica y mi compañera acabó con una pañoleta verde en el cuello, que le dieron unos peñistas que estaban tumbados en un jardincillo.

Una mañana diferente de reparto y ya no puedo decir nunca que no he estado en las fiestas de san Lorenzo.

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