Historias de un repartidor aragonés de propaganda

Historias de un repartidor aragonés de propaganda

jueves, 26 de febrero de 2015

Desafiando a la ley...






En las comunidades de vecinos la ley es el portero, desde su garito se dedica a espantar a los repartidores de publicidad y vigila los buzones interiores para que nosotros dejemos la propaganda en la estanteria que habia puesta junto a los buzones. En ausencia de portero, los vigilantes eran los propios vecinos liderados por el presidente de la comunidad.

Yo tengo una anecdota graciosa respecto a un encontronazo con un vecino casi octogenario. Aquella mañana de reparto tuve que repartir unas cartas en las cuales invitaban a todos los vecinos del barrio a una reunión donde aguantaban dos horas de charla y les daban un lote de regalos... esas cartas, como estaban impresas en un folio doblado había que meterlas dentro de los buzones interiores en lugar de dejarlas en el buzón exterior. En un portal de una calle del barrio de Las Delicias de Zaragoza, pulse el timbre del portero automático, (Yo, siempre que me toca repartir estas cosas suelo timbrar a los pisos más altos del edificios por qué los que más suelen vigilar son los que viven en los primeros) me contesta una voz de jubilado y yo le digo "Correo comercial", el hombre me insiste que lo deje fuera.... yo le vuelvo a insistir y le explico que se trata de una invitación a una charla donde dan regalos gratis... el hombre accede a abrir a regañadientes, (Oye la palabra gratis y ya le gusta.... como todos los jubilados jajaja)
Deposito las cartas en los buzones de dentro y me voy del portal.... sigo repartiendo y después de buzonear tres portales me aparece un señor con boina, camiseta de tirantes y zapatillas de estar por casa y me chilla amenazante con un papel en la mano.
  - ¡Soy el vecino del 19! tu me has dicho que eras cartero y este papel es una P... publicidad que tiene que ir al buzón de afuera...
  - Verá.... yo le he dicho que era cartero comercial, no le he mentido y además le he explicado que se trataba de una invitación a una charla donde dan regalos.
  - ¡A mí que pichorras me importa si es una invitación a una charla de regalos! ¡Tú me has engañado.... este papel tiene que ir al buzón de afuera!
  - Que no puedo dejarlo afuera... no ve que es un papel pequeño y abulta como si fuera una carta...
  - ¡Me da igual! ¡Tú no eres cartero! ¡Tú no tienes permiso para entrar en el patio ni echar papeles a mi buzón... esos dos 20 centimetros cuadrados es propiedad particular, (refiriendose al buzón interior) te puedo denunciar a la policía por allanamiento de morada...
  - No se ponga así por una tontada.... es un simple papel, no una bomba...

El hombre arrugó la carta y me la tiró a la cara, después se fue muy enfadado de vuelta a su casa.... yo seguí con el reparto como si no hubiera pasado nada...


Aquí os dejo un enlace de El Mundo Today , trata sobre la extraña desaparición de los carteles de "se prohibe publicidad" de las comunidades de vecinos.

lunes, 23 de febrero de 2015

Dos personas en una


En el bar de la estación de Sabiñanigo hacian unos bocadillos muy buenos y siempre que pasabamos por allí de camino a Jaca, mi jefe y yo parabamos a almorzar o comer... según la hora.

El primer día que entramos al bar, nada más entrar y acercarnos a la barra, la camarera me confunde por otro y me saluda así:
  - ¡Óscar! ¿Cuánto tiempo....? ¿Qué tal estas?
Yo, me quedo un poco parado y antes de que pudiera contestar, me vuelve a decir....
  - ¿Qué tal va la empresa? ¿Haces muchos muebles o qué?
Y yo, en lugar de decirle que no me llamaba Óscar ni que era carpintero.... se me ocurrió seguir con la conversación y le contesté que la empresa iba, que nos mandaban encargos nuevos y aparte restaurabamos muebles.... luego, pedimos los bocadillos y las bebidas y nos fuimos a sentar en una mesa para comerlos. A la hora de marcharnos, mi jefe pagó y cuando yo salía por la puerta la camarera me llamó.
  - ¡Adios Óscar, a ver si nos vemos pronto...!




Estuvimos un tiempo largo sin poder parar a comer en el bar de la estación, (tres o cuatro meses) Un día, volvímos a pasar por allí y como nos sobraba tiempo paramos a almorzar y antes de bajar de la furgoneta, mi jefe me comentó que si aún se acordarían que me confundieron por Óscar, el carpintero... yo le dije que no creo, porque se había pasado mucho tiempo.

La camarera no se había olvidado, nada más entrar por la puerta sonríe y me saluda con alegría.
  - ¡Andaa, Óscar! hacía tiempo que no venías..... ¿Qué es de tú vida, que tampoco te veo por sabi?
Yo, claro, siguiendole la conversación, a estas alturas no ibas a decir que no era Óscar.
  - Pues bien, ya ves.... que por culpa de la crisis tuvimos que bajarnos a Zaragoza, que aquí los clientes empezaban a escasear....
  - Vaya.... que pena....
  - Pues sí, echo de menos Sabiñanigo.... ¡Pero en Zaragoza nos va bien!
  - ¡Me alegro!
Pedimos los bocadillos y nos volvimos a sentar en una mesa para comernoslos.

Al salir, la camarera se despide de Óscar diciendome que le vaya bien.... yo sonrio y me despido. Nos  subimos a la furgoneta y el jefe ya no se puede aguantar la risa y me dice:
  - ¡Luisito, ya te vale! Menudas historias te inventas.... ahora ya no se puede decir que no eres Óscar, tienes que seguir...... con lo fácil que hubiera sido decir que no eras Óscar el primer día que te confundieron....
  - Pues sí, pero..... en aquel momento se me ocurrió seguirle la conversación a la camarera....


La última vez que estuve en ese bar fue en 2009... sí fuera hoy, se seguirán acordando de Óscar, el carpintero.

viernes, 20 de febrero de 2015

El repartidor del futuro


A mi jefe se le ocurrían muchas ideas, una de ellas era diseñar un carrito de propaganda eléctrico a partir de la base de un carrito de golf parecido al de la foto.... de todos los que trabajabamos en la empresa yo fuí el único que le dió animos en la realización del proyecto.

Para probar, primero compró un dos carritos de golf eléctricos, uno para hacer el prototipo y el otro para desarmarlo por piezas... 

El prototipo consistía en un carrito de golf como el de la fotografía pero, en el lugar de la bolsa de los palos iba colocado encima un carro de la propaganda normal sujeto con unas bridas de plástico al carrito de golf. La bateria aguantaba perfectamente una mañana de reparto entera y era una gozada ir por la calle repartiendo... para subir las cuestas le dabas más velocidad y las subía sin esfuerzo. La gente se me quedaba mirando al verme repartir, despertaba la envidia del resto de repartidores de otras empresas cuando me cruzaba con ellos por la calle. Mi jefe me decía que sí este proyecto salía adelante yo íba a ser el primer repartidor de propaganda del mundo en repartir con un carrito eléctrico.

A la hora de hacer el carrito eléctrico con el motor del carrito de golf despiazado y una base de madera con ruedas y mango para conducirlo, no cuajó demasiado bien en las posteriores pruebas y se disparaba el presupuesto de hacerlo, la crisis económica entró de lleno a la empresa y el futuro carrito de propaganda eléctrico se quedó en el limbo de los inventos.

Pero yo he vivido la experiencia de ser el único repartidor de propaganda del mundo en llevar un carrito eléctrico, aunque solo fueran durante tres semanas y con un prototipo.